Cuenta una leyenda que el diablo, se quejó duramente con San Antonio Abad: ¿Por qué los cristianos me hacen tanta guerra? a lo que el santo le respondió: eres tú quien los molesta y alborota con toda clase de tentaciones y problemas.
El diablo replicó: No soy yo quien los molesta; son sus malas inclinaciones, su egoísmo, su materialismo y su envidia que los arrastra a pecar. Mi verdadero poder se acabó cuando llegó Cristo. Los hombres se comportan peor que Yo: Ellos cometen las más grandes barbaridades, y luego descaradamente me echan la culpa a mí.
Ellos no entienden que es de su propio interior, o sea de su corazón, de donde brotan las malas intenciones: La prostitución, los hurtos, los asesinatos, los adulterios, la codicia, la perversión, la pornografía, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad.
Marcos 7, 14-16; Marcos 7, 17-32; Mateo 15, 10.
